La mueca de la Mona Lisa

En esa foto no tenía más de siete años. Ahora que me pongo a pensarlo las demás fotos de esa mañana se perdieron; aquellas que me muestran correcta y paradita bien derechita, como debía, entre otras veinte o treinta niñas igual que yo; con vestidos prestados, maquilladas por demás y con el cuero cabelludo maltratado por los invisibles y el peineton que las madres se encargaban de incrustar en nuestras cabezas hasta que las afiladas garras de plástico que tenía por base se nos metieran en el cráneo. Aquella foto es sin duda la que marcó mi comienzo como ese miembro de la familia que se encarga de arruinar todas las fotos, y siendo hija única se imaginan lo traumático que es para personas de alma sensible como mi abuela, quien no quiere mostrar ninguna de mis fotos porque todos se ruborizan al verlas y tiene que lamentar cada navidad y cumpleaños que su única nieta mujer, y además la mayor, no dé el ejemplo y siempre aparezca haciendo morisquetas o queriendo apagar las velas de cumpleaños soplando por la nariz. Cuando la fotografía recién comenzaba la gente no sonreía en las fotos porque pensaba que quedar con semejante mueca los iba a hacer parecer locos a los ojos de las generaciones futuras y yo creo que en mis inocentes siete años fui transgresora dentro de mi propia historia. Arruiné esa foto a propósito porque estaba cansada y escuché por primera vez un “¿pero con lo linda que sos vas a poner esa cara?” Si, esa vez y siempre. Y ahora que la miro más en detalle pienso en aquella malvada pila que se reventó arruinando la imagen de mis pies chuecos, lo cual me hacía ver aún más Punk Rock, y culpo a mi madre por ello. Por condenar a semejante foto a un cajón olvidado de la casa, simplemente porque no estaba regordeta y aparentemente feliz en mi tortura. Preferí en ese momento quedar como loca y lo hago cada vez que puedo, aunque saque de quicio a la gente y preocupe a mis familiares por si para las generaciones futuras voy a ser la tía o abuela loca que nadie llevó a tratar. Como todas aquellas personas que permanecían estáticas en las fotos para parecer serios, yo en aquella foto me ridiculicé para mostrarle a mi yo del futuro que siempre fui igual, porque para fotos serias y aburridas existen las postmortem.

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