La niña arcoiris y el bosque de hongos destellantes.

Saltaba felizmente entre los hongos. Éstos eran de colores, y aunque triplicaban su altura, ella no se sentía intimidada y continuaba saltando entre ellos felizmente. Tarareaba su canción favorita, la cual nunca había escuchado realmente con detenimiento. Era el eco de una propaganda o alguna que otra nota perdida en la vieja radio de su abuela; esa canción siempre estaba en su mente, encima de sus pensamientos y de los ruidos exteriores, era su puerta a otro mundo.
Seguía saltando entre los hongos. En ocasiones ella disfrutaba de arrojarles rocas. Y frente al impacto de éstas surgían destellos de colores, azules, verdes, rojos, amarillos, violetas e incluso colores que ella nunca antes había visto. Estos bellos colores lentamente se desprendían hacia el cielo, eran pequeñas estrellitas que no llegaban a tocar el suelo, se disolvían en el aire de manera casi fantasmal. 
Aunque efímera esta diversión, ella era feliz, ver las "estrellitas arcoris" como les llamaba, llenaban sus ojos de luz sus pulmones de risas. 
Conocía poco sobre el mundo, desde el día que perdió su identidad se aferro al bosque de hongos y ya nuca mas quiso salir. Estaba tan arraigada a ellos que incluso les había dado un nombre, les llamaba "Hogar". 
Las horas pasaron, ya no saltaba, corría. La ilusión óptica de todos los colores pasando fugazmente frente a sus ojos la hacia sonreír y aumentar la velocidad. 
Corría rápido, extasiada, llena de emociones, disfrutando así de su hogar, su nueva realidad llena de posibilidades infinitas e irreales. El viento se estampaba en su rostro, moviendo su cabello de maneras salvajes y desiguales, sus pies ya no seguía un patrón, se movían rápidamente al compás de la inercia que las piernas habían tomado poderosamente. 
El bosque se volvía mas espeso, las raíces sombresalian a la superficie debido a su tamaño y se entrelazaban unas con otras formando un inestable colchón de bultos y pozos. Seguía corriendo rápido, la canción sonaba aun mas que antes fuerte en sus pensamientos que en sus oídos punzaban y su cuelo se tensaba frente al desafío de cumplir con muchas acciones al mismo tiempo. Las figuras de los hongos se desfiguraban en sus pupilas, se volvían un solo manchon de colores, los diferentes tamaños perdían referencia real y se volvían parte de una masa compacta de cosas sin definir. 
El tiempo se detuvo en el bosque, la niña tropezó con una enorme raíz y cayo secamente al suelo. El golpe resonó a su alrededor. Sus pulmones quedaron vacíos como consecuencia de impacto, su cabeza golpeo el suelo bruscamente y con un sonido hueco. Ya no se movía, ni veía ni escuchaba, no sentía, pero de alguna manera, la niña se estaba volviendo parte del bosque. 
De sus fosas nasales se derramaba liquido arcoiris, el cual fue absorbido casi instantáneamente por los hongos. Sus neuronas escapaban desde sus oídos. Libres. Igual que aquellos destellos que ella disfrutaba ver. 
Dos segundos antes de que sus luces se apagaran, fue capaz de sentir el bosque moviéndose a su alrededor, como las raíces e enredaban en su carne y los nuevos brotes de colores nacían ente sus oscuros cabellos.- 
En su inerte rostro nació una sonrisa, y en ese estado abstracto descubrió que su identidad siempre había estado allí. 



Cuento “La niña arcoíris y el bosque de hongos destellantes” publicado en el libro “Magia Registrada, Tomo I” ISBN 978-987-02-6423-1, en la pagina Nº 36 del mismo, editado en el mes de Abril del 2013 con sello Editorial Dunken S.R.L.

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